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Islas occidentales canarias - Provincia de Santa Cruz de Tenerife

Torres de Santa Cruz y Auditorio de Tenerife

Alcanzan los 120 metros de altura, convirtiéndose en el rascacielos más alto de la Comunidad Autónoma de Canarias. El Auditorio de Tenerife Adán Martín, es sede de la Orquesta Sinfónica de Tenerife...

Las Cañadas el Teide

Las Cañadas del Teide es el intenso vulcanismo generado como consecuencia de la hecatombe, que atravesó a continuación una serie de períodos en que se han ido acumulando los diferentes productos volcánicos que vemos hoy en día...

Batería de Santa Bárbara en el Puerto de la Cruz

La Batería de Santa Bárbara es una fortificación defensiva que se halla anexa a la Casa de la Real Aduana, en la Plaza de Europa, frente del Ayuntamiento y de la Casa Miranda en el Puerto de la Cruz (capital turística del norte de Tenerife)...

Parque Taoro, Puerto de la Cruz

Antiguamente conocido como Monte Miseria, es un malpais desde donde puede obtenerse las mejores vistas de toda la ciudad de Puerto de la Cruz. Parque Taoro es el pulmón natural del municipio, una gran extensión de frondosa naturaleza...

Casa de los Balcones en La Orotava

La Casa de los Balcones o Casa Fonseca es una casa situada en el municipio de La Orotava, en el norte de Tenerife, se caracteriza por sus balcones y patio interior de madera tallada. Se construyó en el año 1715 (algunas publicaciones datan del año 1632)...

sábado, 12 de noviembre de 2011

La casa o Palacio de Lercaro

La casa o palacio de LercaroMuseo de Historia y Antropología de Tenerife
La casa o palacio de Lercaro fue mandado a construir en 1593 por el teniente general de Tenerife Francisco Lercaro de León y constituye un exponente destacado de la arquitectura civil de las islas.

En el exterior destaca su portada, inspirada en el Manierismo Genovés, y el escudo de armas de su primer propietario;  en su interior destaca el profuso trabajo en madera, donde sobresalen unos finos paneles de madera labrada con motivos vegetales estilizados que realzan el corredor.
El Palacio Lercaro fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento en 1.983.
La exposición que nos ofrece el Museo nos transportará por la historia de la isla de Tenerife desde la época de la conquista hasta el siglo XX. Estos son los contenidos que encontraremos en nuestra visita:



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La casa o palacio de Lercaro 2El Fantasma de Catalina. Una curiosidad de este museo gira en torno a la leyenda de la existencia de un fantasma que vaga por sus estancias; se trata del fantasma de Catalina, que algunos suponen que fue la hija de Antonio Lercaro y a la que obligaron a contraer matrimonio con un hombre de avanzada edad, por lo que la joven decidió quitarse la vida arrojándose el mismo día de su boda a un pozo de la parte trasera de la vivienda, el cual se encuentra en la actualidad tapiado.
La leyenda apunta a que el cuerpo de Catalina está enterrado en una de las estancias de la casa, debido a que, al haberse suicidado, la Iglesia se opuso a que recibiera cristiana sepultura en un cementerio. Úrsula Lercaro Justiniani, no dejo testamento, la partida de entierro no especifica nada, y la segunda esposa del viudo se volvió loca.
En los años 90 el cabildo restaura la casa como museo de historia y los vigilantes de las obras comienzan a hablar de ruidos extraños, hasta los actuales del museo. Hay apariciones, ruidos, olores, dolores de cabeza.    
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La casa o palacio de Lercaro mapa

Teléfonos: Información: 922 82 59 49/43 - Fax: 922 63 00 13.
Horario: De Martes a Domingo de 9:00h a 19:00h.
Cerrado: Todos los lunes. 24, 25 y 31 de Diciembre; 1 y 6 de Enero.
Entrada general: Exposiciones permanentes: 3 euros
Domingos gratis.
Dirección:
Museo de Historia y Antropología de Tenerife (Casa Lercaro)
Calle San Agustín, 20 y 22
38201 San Cristóbal de La Laguna - Tenerife. Islas Canarias

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La castaña como alimento

CASTAÑAS FRESCAS ASADAS Y HERVIDAS
castañas
Su cantidad de grasa es bastante similar a la de los cereales (alrededor del 3%) y, por tanto, muy inferior a la del resto de frutos secos (50%). Entre los nutrientes reguladores que contiene, destacan el potasio (500 mg/100 g) y los folatos. Estas propiedades, junto con un contenido en agua que supone casi la mitad de su peso, convierten a la castaña en uno de los frutos secos de menor contenido calórico. Por su moderado aporte energético, se puede consumir de manera controlada en caso de sobrepeso y obesidad.



Castañas frescas
Castañas frescasSon bastante menos digeribles que las cocidas o asadas, hay que pelarlas con calma y darse cuenta, al hacerlo, que algunas variedades se pelan mejor que otras. Para pelarlas en la cocina, si no se compran ya en lata, peladas, hay que poner una cacerola con agua a hervir. Se hace una incisión poco profunda de las dos pieles, se mete cada dos o tres castañas en el agua hirviendo, en un colador, para poder retirarlas rápidamente del agua. Se dejan hervir durante uno o dos minutos, se pelan rápidamente al sacarlas del agua, con guante, para no quemarse. De esta manera se pelan bien un 60% de las castañas, si son buenas y frescas. Son así peladas, la materia prima para todos los otros platos a preparar.

Castañas enteras al natural
castana_cocidaSon simplemente castañas, sin su piel, cocidas en agua, enteras, con un poquito de sal, azúcar y laurel. Es un producto natural, sin conservantes ni colorantes, y sirve para acompañar la caza, carnes, aves (el pavo relleno de castañas, a la salvia es típico americano), y va maravillosamente decorando platos de cerdo y cordero. Es un plato tradicional, más antiguo que las patatas, y desde luego mucho más fino y sabroso.

Castañas asadas
Castañas asadasLas castañas asadas eran hace miles de años, alimento de pastores y leñadores que aprovechaban el fuego para calentarse y al mismo tiempo para preparar un alimenticio fruto para sus vacíos estómagos.

La melancolía de la estación en ambiente tibio, en la alfombra de musgo, el fondo bucólico de los bosques y el chispear del vino nuevo, las pobres e inocentes castañas se tuestan entre el rescoldo, como si fuesen brujas condenadas a morir en castigo de sus costumbres diabólicas.

El rito de encender la primera lumbre de otoño, como precursor del tizón de Navidad, es una antiquísima ceremonia. Hay un cúmulo de creencias y supersticiones en nuestro antiguo pueblo, relacionadas con las castañas, se cree que las ánimas del purgatorio bajan el día de difuntos a calentarse en el fuego del hogar, por lo que era costumbre dejarles allí caldo caliente.

Fue durante muchos años, el árbol totémico del otoño, al que se arrimaban los parroquianos, para con su patacón, peseta, duro y ahora billete, comprar algo caliente que meter en sus bolsillos, y al mismo tiempo que se calentaban, comer un delicioso aperitivo.


Preparación:
La base son unas buenas brasas y unas buenas castañas. Se les corta la piel, en una incisión poco profunda, sobre su parte convexa, para evitar que al asarse exploten. El fuego tiene que ser vivo o las brasas fuertes, para que el sabor sea mejor. Hay varios tipos de instrumentos tradicionalmente usados:

Tambor giratorio, con agujeros, de hierro.
Tambor giratorioTiene una pequeña puerta por donde se introducen las castañas cortadas superficialmente. Se pone sobre brasas vivas y se gira lentamente o en varias veces, hasta asarlas, vaciándose seguidamente por el mismo agujero del asador.


Sartén agujereada, o también de barro.
Castañas asadas sarténLas castañas se ponen encima con o sin sal, a gusto, y se mueven a medida que se vayan asando. Esta forma de bandeja agujereada la tiene la "máquina de tren" en su interior, con las brasas en el último escalón, más bajo, y un compartimento para mantener las castañas calientes.

Castañas hervidas (cocidas)
Castañas hervidasColocar en una cacerola de salsas y la mitad cubierta con agua. Hervir durante 20 minutos vaciar el agua y dejar las castañas en la cacerola hasta que se sequen antes del descascarado. Dejándolas sobre baja calor y secando débilmente, las castañas no se deshacen en el descascarado. Las castañas deben estar almacenadas en jarras dentro del refrigerador, para usos posteriores en otros recipientes.

Castañas cocidas en estofado
Castañas cocidas en estofadoEchar las castañas ya peladas en una fuente para asar, bañarlas con caldo blanco hasta que queden cubiertas, condimentar con una ramita de apio, un terrón de azúcar para 500 grs., de castañas y 50 grs. de mantequilla.
Cocer con la fuente para asar tapada por espacio de 30 minutos aproximadamente. Transcurrido ese lapso de tiempo, el líquido de cocción quedará reducido casi por completo y ofrecerá una consistencia de jarabe. Imprimir a la fuente para asar un movimiento giratorio suave para que las castañas queden totalmente cubiertas en una capa lustrosa. Se dice entonces que las castañas han quedado glaseadas. Servir sin otra preparación.

Castañas al horno
castañas al hornoQuitar la cáscara para una pinta de castañas, ponerlo en un plato para hornada, cubierto con la mercancía, sazonar con sal y pimienta, dejarla en el horno hasta que estén blandas, mantenerla cubierta hasta que esté casi hecha. Estará una pequeña cantidad de la mercancía en la cacerola para servirla con castañas.


Castañas con leche
castañas con lecheLas castañas congeladas se ponen a cocer con un poco de sal y otro poco de hinojo, y a media cocción se retiran del puchero y se escurren.
Se dejan transcurrir cinco minutos y se echan en leche, poniéndolas al fuego y dejándolas cocer hasta que estén relativamente blandas, en cuyo momento se retiran, echándolas con la leche en una fuente, en donde se dejan enfriar, sirviéndolas después.


Ver más:

La papa (patata) Canaria

1A lo largo de la década de los 80, y especialmente en los años de 1987 y 88, mantuvimos una serie de charlas y entrevistas con distintos agricultores (generalmente personas de avanzada edad) en todas las islas Canarias. La información recibida sobre los cultivos tradicionales de papas (Solanum tuberosum L.) conforma el cuerpo principal de este trabajo. Nos sorprendió de forma especial el ¡más de medio centenar! de cultivares diferentes muestreados, reconocidos por los agricultores, especialmente en las islas de Tenerife y El Hierro, pero también en La Gomera, La Palma y Lanzarote. Este trabajo fue presentado en el Primer Congreso Internacional Etnobotánica 92 en Córdoba y aquí ahora lo actualizamos.
Hasta fechas recientes la única noticia sobre la llegada de las papas a Canarias era la referida por Viera y Clavijo en su Diccionario de historia natural (1866), indicando que fue plantada por primera vez en Icod el Alto hacia 1622. Sin embargo, el profesor Lobo Cabrera (9) pone de manifiesto cómo en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas existen datos sobre el envío de papas desde el Puerto de Las Isletas en Gran Canaria a Amberes (Flandes) en 1567 y de una partida, procedente de Tenerife, a Ruan (Francia) en 1574. Según comenta este autor, es bastante probable que su cultivo en Gran Canaria se viniese realizando desde décadas anteriores y que esta isla hiciera de puente para su introducción en España y Europa. Los primeros datos fiables de su llegada a la Península Ibérica se obtienen del Archivo Hispalense, en concreto de los libros de contabilidad del Hospital de Sangre de Sevilla (8), donde se recogen entradas de “patatas” en 1573 y en 1576. Estos datos supondrían el primer aporte de papas a Europa. En cualquier caso, y desde el punto de vista taxonómico, tanto las papas llegadas a Canarias como las que llegan al continente europeo pertenecían a Solanum tuberosum grupo andigena. La primera evidencia de la presencia del grupo tuberosum en Europa se tiene en 1750 cuando Linneo describe la especie, cuyo tipo corresponde a dicho grupo, aunque la mayoría de especímenes de herbario de esa época corresponden al grupo andigena.
Chorros de Epina, La Gomera.
Valle de la Majadita y volcán de las Arenas, Guinate, Lanzarote
Por otro lado, no contamos con datos de la llegada de papas desde Europa a Canarias anteriores al siglo XIX, siendo a principios de este siglo cuando empiezan a ser importadas desde distintos países, especialmente de Irlanda, Inglaterra y Holanda. Pero esto no nos lleva a descartar que en los siglos anteriores se diera un intercambio de material con Europa, así como la llegada de nuevos cultivares desde el continente americano. Como indica Lobo Cabrera (9), después de la conquista de las islas Canarias, el archipiélago queda engarzado en la corriente mercantilista europea del siglo XVI, presentando la ciudad de Las Palmas un carácter “eminentemente mercantil, y uno de los puertos más importantes del Atlántico meridional por su relación con los puertos del norte”, relaciones comerciales que se extienden hasta África y América.
Sevilla, Expo-92: cultivares primitivos de los Antes Peruanos
Una muestra de cultivares tradicionales canarios
Los cultivares que nos llegan del norte de Europa a principios del siglo XIX ya presentan características de S. tuberosum grupo tuberosum, y debían ser muy similares a muchos de los cultivares antiguos que aún se pueden encontrar en la Península Ibérica, especialmente en Galicia y distintos valles de montaña de otros lugares.

En la aparición del grupo tuberosum europeo ha tenido importancia tanto la selección hacia la obtención de cultivares adaptados a la tuberización en días largos como el aporte genético desde los cultivares primitivos del grupo tuberosum chileno. En este sentido, existe evidencia de que hacia 1850 llegó a Estados Unidos material genético de los cultivares chilenos del grupo tuberosum (7), los cuales fueron utilizados para la mejora de los que habían sido importados desde Europa. Es bastante probable que este aporte genético se intercambiara con el viejo continente, contribuyendo en buena medida a la conformación de los modernos cultivares del grupo tuberosum, hecho que parece comprobado con el análisis aloenzimático.

Las papas primitivas canarias, o que tradicionalmente se cultivan de “semilla” no importada, podrían pertenecer a cualquiera de estos grupos o fases históricas de la mejora de los cultivares (ver mapa).
Hacia 1955, Zubeldia y colaboradores de la Estación de Mejora de la Patata de Vitoria describen para Canarias hasta diez cultivares primitivos. En dicho trabajo se pone de manifiesto la existencia en dichas islas de un grupo relictual (siete cultivares) del grupo andigena; un cultivar (“negra”) triploide, del grupo chaucha de la región de Cuzco en Perú y único conocido con este nivel de ploidía fuera de la zona andina; un cultivar (“peluca colorada”) del grupo tuberosum primitivo, con ciertos caracteres intermedios; y finalmente un cultivar (“moruna”) identificado posteriormente como la alemana “ragis 6002” del grupo tuberosum.

En el trabajo de campo y charlas-entrevistas mantenidas con los campesinos de distintas islas, recogimos aproximadamente un centenar de muestras de unos 50 cultivares diferentes, obteniendo además información directa de otros 24 cultivares. La relación de los mismos aparece en las tablas, donde se han ordenado según:
A.- Cultivares autóctonos del grupo andigena, derivados de los primeros llegados a Canarias desde mediados del siglo XVI.
B.- Cultivar triploide “negra”, identificado como Solanum chaucha (S. x chaucha), a veces considerado afín a S. mamilliferum, también del grupo chaucha.
C.- Cultivares actuales suramericanos del grupo cf. andigena, que en las últimas décadas han ido llegando desde distintas regiones de Venezuela, Colombia, Brasil, etc.
D.- Cultivares autóctonos del grupo tuberosum, muy antiguos, llegados desde Europa (y quizás también desde América) hacia los siglos XVIII y XIX.
E.- Cultivares comerciales europeos del grupo tuberosum, llegados en el siglo XIX-XX de Inglaterra, Holanda, Irlanda...
F.- Cultivares comerciales modernos actuales del grupo tuberosum, cuya “semilla” procede del norte de Europa (Irlanda del Norte, República de Irlanda, Escocia y Dinamarca) y también de Chipre y Egipto, con cultivares de origen tanto europeo como de EEUU, con aporte, en muchos casos, de material genético de los cultivares de Chile y de diferentes grupos y especies relacionadas de las regiones andinas.

Para algunos grupos la delimitación es arbitraria, pero creemos que ayuda a captar la idea que queremos dar de diversidad y de orígenes. Por otra parte, la inclusión en un grupo u otro de los 24 cultivares de los que no obtuvimos muestras resultó bastante comprometida, ya que sólo contamos con las descripciones de los campesinos y su identificación de “parecido” con otros cultivares conocidos.

En estudios más recientes se han identificado y localizado otros cultivares antiguos, como la “mora”, que se corresponde con “juan álvarez”, “bonita llagada”, que se corresponde con “bonita rameada”, además de otros cultivares como “peluca blanca”, “peluca negra”, “negra blanca”, “negra oro” o “negrita”. Pero el estudio exhaustivo de todos los cultivares existentes en Canarias, la relación pormenorizada entre los mismos y la concordancia entre el conocimiento empírico de los agricultores y los resultados de los análisis, aún presenta lagunas que sería de gran interés y urgencia ir completando. Entre estas lagunas podemos comentar, como ejemplo, el hecho de que los estudios recientes se hayan centrado casi exclusivamente en la isla de Tenerife, o que, en algunos casos, los resultados de tales estudios no concuerdan con las diferenciaciones establecidas por los campesinos, etc. De otros cultivares, probablemente lo único que nos quede y para siempre sea su nombre.
papas
papas2
Diversidad de los cultivares
2Aparte de la descripción de Bandini en 1816, recogida al comienzo de este trabajo, el primer catálogo sobre la existencia de distintos cultivares de Solanum tuberosum en las islas Canarias aparece a mediados del siglo XIX, hacia 1868, donde Álvarez Rixo menciona hasta 14 cultivares diferentes (ver Tabla). En aquella época ya se recibían en las islas aportes de los cultivares europeos, pertenecientes al grupo tuberosum, especialmente desde Inglaterra, Holanda e Irlanda, y posiblemente también desde España. Estos nuevos cultivares se plantarían junto con los mas antiguos del grupo andigena, ampliando el lote de los cultivares canarios. Esto queda reflejado en el catálogo mencionado, si se acepta la buena concordancia entre los nombres aparecidos en el siglo XIX y los actuales, como por ejemplo: “londreras”, “sietecueros” y “ojo de perdiz” (del grupo andigena); “blanca rosada” o “peluquera” y “blanca de ojo azul” (del grupo tuberosum); y “negra” (Solanum chaucha).

Muchos de los cultivares conocidos actualmente como antiguos pueden crecer de forma subespontánea, como papas de risa (riza) o redrojos: “peluquera”, “corralera”, “marruecas”, “yema de huevo”, “negra”, “peluca colorada”, etc.; muchas presentan una elevada fertilidad de los granos de polen y una buena predisposición a la fructificación, lo cual, unido a su cultivo en ambientes que en ciertas características recuerdan a los de las zonas andinas de origen, permiten imaginar cierto grado de hibridación que han debido jugar algún papel en la aparición de nuevas variedades.

Si por otro lado se tiene en cuenta la curiosidad observada en los campesinos canarios de separar las distintas formas (por el color de la piel, por ejemplo) y sembrarlas independientemente, se puede entender la proliferación de distintos grupos, como en el caso de la “bonita” o de la “palmera”, mediante selección desde cultivares mas antiguos. Esto también se puede apreciar comparando las listas antiguas con las actuales, como para el caso del grupo de “bonita”.

3La diversidad existente se manifiesta igualmente en otros aspectos, como maduración de cosecha, estación de cosecha, precocidad, latencia, adaptación, textura, sabor y materia seca. El cultivar “negra” de Tenerife es muy apreciado por su consistencia y sabor dulce, de igual forma que “gobernadora” de El Hierro; el cultivar “peluca”, por el contrario, es recomendado para personas diabéticas, con problemas de azúcar. Los cultivares “gomera”, “gobernadora” y grupo “bonita” resultan bastante apreciados para arrugar (guisado típico canario); otros, como “liria”, “bonita rosada tardía” o “londrera”, son de consistencia blanda y se deshacen en caldos apotajados, siendo muy apreciados por distintos campesinos.


El hecho de que Canarias haya sido encrucijada de las rutas comerciales Europa-América, junto a la orografía accidentada y montañosa de las islas como factor de aislamiento campesino, así como la posición geográfica hacia la zona subtropical, todo ello unido al celo que manifiestan los campesinos canarios por los cultivares antiguos, incluso frente a la llegada de otros más productivos, ha dado como resultado el que en la actualidad se conserve en estas islas un elevado número de cultivares, muchos de los cuales resultan autóctonos.

Esto queda reflejado en los inventarios actuales al mostrar cerca de una treintena de cultivares del grupo andigena antiguo, 3 ó 4 cultivares del tipo “negra” y cerca de una veintena de cultivares del grupo tuberosum antiguo. A esto habría que añadir los que tradicionalmente se vienen manteniendo sin aportación de “semilla” nueva de otros cultivares más modernos, tanto del grupo andigena (de Venezuela, Colombia, etc.) como del grupo tuberosum (procedentes de Europa).

La evaluación de la diversidad genética en Solanum tuberosum, así como en especies afines, se viene abordando en los últimos años desde distintos estudios moleculares como los isoenzimáticos. Esta técnica permite localizar formas alelomórficas que pueden ser utilizadas como marcadores varietales y podrían resultar de gran ayuda para la identificación y clasificación de los cultivares autóctonos canarios, pudiendo a su vez aclarar el grado varietal y establecer las relaciones de parentesco y posibles líneas filogenéticas.

Zonas de cultivo y conservación
Los cultivos tradicionales de papas se localizan principalmente hacia las medianías insulares, entre 200 y 800 m s.m. en las bandas del norte y hacia los 600-800 m s.m. en las del sur. Estas zonas se corresponden bastante bien con los territorios óptimos de los bosques termoesclerófilos de acebuchales, almacigales y sabinares (ambientes cálidos de semiáridos a secos), que describen un anillo circuninsular hacia los 200-600 m de cota, y los bosques de laurisilva (con ambientes menos calidos de subhúmedos a húmedos), que se sitúan por encima de aquéllos en la zona norte y noreste hasta los 1.200 m de cota. Los cultivos aparecen en pequeños bancales (terrazas, cadenas, bocados, etc.) en los bordes o de forma imbricada con las formaciones boscosas.

La diferenciación de las comunidades boscosas se traduce de forma aproximada, y según la terminología popular, en dos tipos de suelos diferentes para los cultivos: “tierras de barro” y “tierras de polvillo” respectivamente. Las tierras de barro, a cotas más bajas, son más apretadas, duras y cálidas, y coinciden con espacios más abiertos y con mejor luminosidad. Las tierras de polvillo son, por el contrario, más sueltas y con mayor aporte húmico, y están ligadas a la laurisilva siendo más frescas, húmedas y umbrosas.

Aunque no es regla general, existen cultivares que crecen mejor en un tipo u otro de suelo (la papa “negra” se cultiva preferentemente en tierras de barro en la franja del termoesclerófilo, en las bandas del sur de Tenerife; la “de baga” o “bonita rosada tardía” también produce mejor en este tipo de suelo, pero en las bandas del norte; por el contrario, la “londrera”, por ejemplo, se cría mejor en tierras de polvillo), pero existe cierto consenso en que las tierras de polvillo son mejores para la obtención de “semillas” y permiten controlar los niveles de virosis, mientras que las tierras de barro ofrecen mejores cosechas y mejores cualidades culinarias.

cartel carlosdominguezsierraEsta observación empírica de los campesinos ha llevado con el tiempo a la existencia de una compleja red de intercambio y trasiego de “semillas” de unas zonas a otras, con un alto flujo desde las tierras altas, productoras de buena “semilla”, hacia las bajas, productoras de buenas cosechas. Resulta sorprendente comprobar cómo distintas variedades se mantienen con un nivel de sanidad bastante aceptable, por ejemplo “bonita blanca”, “borralla”, etc. y de buena producción para las exigencias campesinas (aunque la misma sólo alcanza entre 1/3 y 1/2 de la de los cultivares comerciales).

Destacan como zonas de producción: en El Hierro, la zona de Nisdafe e Isora; en Lanzarote, la parte alta de los cantiles de Famara, los Tablones, Gallo, etc.; y en Tenerife tenemos referencias como zonas importantes de producción Erjos del Tanque, altos de la Guancha, Aguamansa, La Esperanza, así como las estribaciones altas del norte de Anaga: Carboneras, Taborno, etc. Zonas equivalentes se pueden encontrar también en La Palma y La Gomera, pero no disponemos de información avalada por los campesinos. En Gran Canaria y Fuerteventura los cultivos de papas antiguas y la cultura asociada a las mismas han desaparecido.

“Hay de ellas muchas variedades: tempranas y tardías; de flor blanca, rosada, cenicienta o azul; de un epidermis blanco, pardo, amarillo, roxo, ó morado; de figura redonda, larga, ovalada, esquinada, con excrecencias”.
J. Bautista Bandini (1816).

Nota del autor
Agradecimientos
Queremos agradecer de forma muy especial la atención prestada y la información facilitada por los agricultores y campesinos canarios: La Gomera: D. Manuel Placencia Martín (Las Rosas). El Hierro: D. Juan Antonio Oliva (Los Mocanes), D. Tadeo Casañas Reboso (San Andrés), D. Isidoro Padrón Padrón (Erese) y D. Isidel (Isora).
Tenerife: Dña. Bonifacia Regalao y D. J. Ángel González Abreu (Erjos), D. José Benítez (Las Rosas), D. Marcelino Martín (El Palmar), D. Nicolás V. Afonso García y D. Domingo García González (Tosca de María, Santa Úrsula) y D. Óscar Sosa Manríquez (Taganana). La Palma: D. Miguel Rodríguez Lorenzo (Lomo Machines). Lanzarote: D. Tomás Hernández Machín (Haría).
Agradecimiento que hacemos extensivo a todos aquellos otros campesinos que, después de ofrecernos su tiempo y todo su saber sobre nuestras papas, quisieron quedar en el anonimato, especialmente en las islas de Gran Canaria, La Gomera y La Palma, pero también en todas las demás.
Finalmente quisiera que esta pequeña aportación fuera como modesto homenaje para todos ellos.

Águedo Marrero
Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo”
Fotos: Autor y Banco de imágenes

Saber más de la papa (patata) canaria
PAPAS ANTIGUAS DE CANARIAS
La Web de las papas antiguas y los productos tradicionales en Canarias, un paso más para el conocimiento de la Agricultura Tradicional Canaria
Agro-Natura

Usos tradicionales del castaño

castañaEn Tenerife, el castaño ha sido utilizado para múltiples destinos, entre los que destacamos:
• Los frutos de más tamaño se han destinado al consumo en fresco, tanto para comer en el entorno familiar, como para cambiar o para vender. Los frutos más pequeños se utilizaban para la alimentación del ganado.
• La madera, que procuraban cortarla en menguante, se usaba para hacer casas, muebles, lagares, duelas para barricas de vino y fondos de barcos.
En general, para su aprovechamiento maderero se preferían los castañeros no injertados, machos o ladrones, debido a que eran más rectos y presentaban menos nudos. También se utilizaba para la elaboración de contenedores que servían para las medidas de peso y superficie de siembra como las cuartillas, almudes y medios almudes. Así mismo se fabricaban instrumentos de laboreo como los trillos, “belgos” para aventar el cereal y palitas para palear el grano. Otro uso fue la fabricación de los antiguos cestos destinados a la exportación de tomates.
• Los chupones servían para hacer cestas de mano, más grandes para el transporte de piedras y las conocidas raposas que servían para ser cargadas por las bestias. Los chupones también servían para elaborar las horquetas, especie de palo terminado en v que permitía levantar la viña en el parral tradicional.
• Las hojas secas se han usado como cama para el ganado y las verdes para la comida del mismo.

castañas asadasLa castaña era parte esencial de la comidas de algunas fiestas, que se caracterizaban por una gran participación de la comunidad, debido a las pocas ocasiones en las que podían divertirse. Entre estas fiestas destacaban: la de Todos los Santos, en la que se tostaban las castañas que se obtenían más temprano y se tomaban con el recién hecho aguapié, la de San Andrés, donde las castañas se comían junto con el vino nuevo y la apertura de las bodegas, y los niños seguían la tradición de “correr lo cacharros” por las calles de los pueblos, las fiestas de la Pascua, donde la castaña se trataba como un símbolo de Navidad como los turrones o las almendras, y en algunos pueblos se regalaba un cestito con castañas a los niños, y durante los Carnavales, donde en algunas localidades del Norte de la Isla se comían castañas secas con vinote y rebanadas. También por las fiestas de San Antonio, era habitual en la comarca de Acentejo realizar rosarios de castañas que se les ponían a los animales.

En Tenerife se produce miel monofloral de castañero y en otros tiempos los corchos o colmenas a veces se construían con su madera.

El consumo en crudo es y era escaso, sólo realizándose cuando estaban muy tiernas. La alternativa era la cocción, que se hacia bien asadas o guisadas para consumirlas tal cual, o como componente de una receta. Para guisarlas, en algunos lugares se hacia directamente, realizando un corte en la piel externa, o se les extraía previamente de su cáscara y se cocían alrededor de media hora en abundante agua, en ocasiones con unos granos de anís estrellado o unas ramas de vainilla o unas ramas de canela, si eran para postres.

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la castaña en la cocina canaria
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También servía como acompañante de platos de carne con salsas especiales, e incluso a guisos de pescado salado o sardinas asadas aliñadas con aceite y vinagre o con mojo de pimienta, aportando a estos platos un toque de dulzor. O se aplastaba hasta formar un puré, que también podía ser acompañante de asados, o servir de relleno para piezas al horno, combinando con frutos secos como los piñones y almendras molidas, hierbas y especies, e incluso higadillos y otros menudillos previamente fritos y molidos, que proporcionaban un singular sabor a la mezcla. También era un acompañante de los platos de carnes de caza. En algunas ocasiones se usaban para elaborar las famosas morcillas dulces canarias.

Las castañas se consumían también en potajes, que recibían el nombre de caldo de castañas, o se cocinaban junto con las papas o las batatas. A los caldos le daba consistencia y un gran valor nutritivo. El potaje o caldo era un plato especialmente bien acogido en los días fríos de invierno.

En los postres, las castañas hervidas con vainilla o/y con canela una vez peladas y sin piel, se mezclaban con almíbar. Se podían comer así directamente o utilizarlas molidas, como relleno, como por ejemplo, de las truchas de repostería. Una de las recetas antiguas para este relleno, además de azúcar incluye leche y yemas batidas, que eran mezcladas con las castañas ya cocidas y molidas y llevado todo a un fuego muy bajo y lento, unos minutos, sin que alcance a hervir. La sabiduría popular, que en las épocas pasadas en las que se carecía de los métodos de conservación moderna, usaba todo tipo de recursos para prolongar la utilidad gastronómica de los productos de temporada, llevaba a manejar las castañas como ingredientes también de las compotas.

Según el experto en gastronomía canaria Manuel Iglesias, se guisaban en abundante agua, limpiándolas bien para que no quedará ni rastro de la piel exterior e interior, con abundante azúcar, anís, canela, hierba huerto o menta y un vaso de licor de frutas como la naranja, o incluso de simple aguardiente. Se cocía hasta que la fruta estaba tierna y se había formado un espeso almíbar, procediendo luego a guardarla, cubiertas las castañas de su jugo de cocción, en frascos bien cerrados que se conservaban en lugares secos y adecuados.

Domingo Ríos Mesa
Centro de Conservación de la Biodiversidad Agrícola

AgroCabildo de Tenerife
Ver más:

El Castaño de Tenerife

El castaño portada 3
El Castañero en Tenerife - BREVE RESEÑA HISTÓRICA
En el año 2000 un equipo integrado por técnicos del Cabildo de Tenerife y de la  Universidad de Santiago de Compostela, inician el estudio de las variedades de castaño en la Isla de Tenerife, determinando inicialmente que la especie debió ser introducida en las Islas como cultivo, repitiendo los modelos de la Península Ibérica, con el doble objetivo de producir fruto y madera.

En Canarias, las evidencias existentes hablan de la posibilidad de que el castaño se introdujera primero en las islas de El Hierro y La Gomera, luego en Gran Canaria y La Palma y finalmente en Tenerife, siguiendo el orden de colonización y conquista. Así en las Datas de Tenerife del siglo XVI se recogen algunas citas al castaño, entre las que destacamos la concesión de tierra otorgada al bachiller Diego de Funes por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo el 18 de diciembre de 1517 para plantación de viña, morales y castaños.

Castaño de las siete pernadas (Aguamansa)Como ejemplares históricos en Tenerife, están el Castaño de Las Siete Pernadas en Aguamansa y el del Marqués de La Candia en la Orotava. El primero aún existe, aunque recientemente se ha producido la caída de parte del mismo. Se trata de un ejemplar de diámetro considerable que puede tener unos 500 años. D. Leoncio Rodríguez en su libro “Los Árboles Históricos  y Tradicionales de Canarias” dice de este árbol: “También de antiquísimo origen, mide más de doce metros de circunferencia, y a poca altura del tronco parten siete grandes gajos, todos de considerable grueso, de los que proviene el nombre de Las Siete Pernadas, que hoy han quedado reducidas a cinco, pues dos han sido destrozadas por los vientos. Entre ellas había instalada en otros tiempos una mesa para cinco personas, a la que se subía por unos escalones de piedra, y en el cual acostumbraban a merendar los turistas”Es probable que este antiguo castaño coincida con uno de aquellos que fueron mandados a plantar por el Adelantado en las primeras décadas del siglo XVI en La Orotava.

El castaño del Marqués de La Candia se ubicaba también en La Orotava, y en sus últimos años de existencia era un ejemplar cuyo tronco estaba hueco en gran parte y, al igual que el del castaño de Las Siete Pernadas, tenía un tamaño considerable, con un perímetro superior a 10 m. Una descripción de este castañero es del médico catalán Mariano Nougues Secall, que lo visitó a mediados del siglo XIX, y que fue recogida en el año 2003 por Tomas Méndez como sigue: “Medido a raíz de tierra da 18 varas y dos tercios de circunferencia. Lo particular es que en el tronco central cayó una castaña, que ha producido un tronco vertical o nuevo castaño, que extiende por la parte superior la verdura. En los cinco brazos que tiene el castaño se ha producido el mismo fenómeno, de suerte que el castaño viejo sirve de cuna y asiento a otros nuevos que lo visten”. Numerosos viajeros y naturalistas de renombrado prestigio citaron al castañero en sus visitas a las Islas Canarias a lo largo de los siglos XVIII y XIX, como Francis Coleman Mag-Gregor, Verneau, Humboldt, Florence Du Cane, Glas, Von Fritsch, Sabino Berthelot y otros.

SUPERFICIE DE CULTIVO Y DISTRIBUCIÓN ALTITUDINAL
castañeroEn el año 2008, Hernández y colaboradores, publican un estudio de la situación del cultivo del castaño durante los años 2006 y 2007 en los 31 municipios de la isla de Tenerife. Encontraron castaños en 28 de los mismos y en forma de masas de cultivo en 23. En este trabajo se determinó la existencia de una superficie total para Tenerife de 1374 ha, estando la mayor superficie en el municipio de La Orotova con 280 ha.

Este cultivo se ha venido desarrollando desde los 400 msnm, aumentando su superficie a medida que ascendemos en altitud hasta llegar a los 1000 msnm, donde las 647 ha que se localizan entre estas cotas, conforman el 47 % de la superficie total.
Por encima de 1,000 m, vuelve a disminuir la presencia del castaño de manera progresiva, hasta los 1800 msnm donde desaparece de manera definitiva en el municipio sureño de Granadilla. Tanto en las vertientes sur y norte, la existencia de castañeros por debajo de los 400 msnm es un hecho aislado, dándose tan solo de manera puntual en el municipio de La Laguna.
El castañero se distribuye en el sur de la isla a mayores altitudes que en la vertiente norte ya que los requerimientos pluviométricos y de humedad necesarios no se dan a las mismas altitudes. En la vertiente norte la acción de los alisios favorece la aparición de formaciones vegetales naturales muy importantes como el "monteverde” que requiere elevadas condiciones pluviométricas y de humedad, que son también óptimas para el desarrollo de este cultivo. En cambio la vertiente sur, salvo en casos puntuales no se beneficia del efecto del alisio, y presenta condiciones climatológicas y pluviométricas más duras que la vertiente norte,  lo que explica que el cultivo del castañero se haya desarrollado  principalmente a mayores altitudes.

De forma general, en Tenerife se pueden distinguir tres franjas. Una primera de menor altitud, donde los castaños se encuentran a menor densidad, más dispersos y asociados con cultivo de huerta y árboles frutales. Una segunda franja, donde la densidad impide la penetración de la luz, y por tanto el cultivo de otras especies asociadas, y por último la franja más alta, donde se encuentra el caAgroCabildo de Tenerifestaño asociado principalmente al fayal-brezal, y en algunos casos con el monte de pinar. En muchas zonas el castaño se ha naturalizado, es decir, ha empezado a formar parte de un bosque espeso, donde el fayal-brezal y la laurisilva se están regenerando y no se pueden considerar, en este caso, como árboles cultivados.

Notas de Prensa
eldiaJosé Zoilo Hernández, gerente de la Asociación Insular de Desarrollo Rural de la isla de Tenerife (Aider TF) y autor principal del libro "El castañero de Tenerife"
Estuvimos durante un año realizando el trabajo de campo y seis meses para analizar los datos. Para realizarlo, inicialmente se tomó como apoyo la cartografía de la Isla para organizar las prospecciones, recorrer distintos municipios y delimitar tanto las manchas de castañeros como las de individuos aislados, con la finalidad de describir sus características agronómicas y ecológicas. El objetivo de este estudio fue localizar con precisión los castañeros de Tenerife, aplicar políticas de gestión agraria de ámbito local para su recuperación y conservación.

mapa distribuciónEn Tenerife existen 1.374 hectáreas de superficie dedicada a este cultivo y un mínimo de 2.567 ejemplares aislados, repartidos en 28 municipios. La distribución del castañero varía en función de la altitud. Casi toda la producción se concentra en el Norte, contabilizando unas 1.100 hectáreas, abarcando desde El Rosario a Buenavista del Norte, con mayor protagonismo en el Valle de La Orotava y la comarca de Acentejo. Mientras tanto, Arafo es el municipio del Sur donde más se concentra este cultivo.

Un dato preocupante que se desprende del estudio es que el 48% de las superficies de castañeros se encuentran con escasas posibilidades de recuperación, fruto del abandono prolongado del cultivo, por lo que a día de hoy, tan solo queda el 28% de la superficie en condiciones óptimas para continuar la producción de castañas.

Los pasos para la recuperación, se centran en mantener el cultivo y potenciar el injerto con variedades tradicionales en las zonas altas, reconducir la situación hasta el aprovechamiento del fruto en las zonas intermedias y de difícil recuperación, así como abordar su mantenimiento desde el punto de vista paisajístico propio del turismo de ocio y naturaleza.

La base de este cultivo en la Isla es muy buena. Aunque casi la mitad de la superficie está en abandono, el resto que son 700 hectáreas suponen una extensión enorme para cultivar castañas, que ahora mismo ni siquiera se está aprovechando.


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El Castaño de las Siete Pernadas

castaño1Refugio de gigantescos árboles, las vertientes de las cumbres de La Orotava tuvieron fama por la belleza y el vigor de su flora.
Sus pinos, sus cedros, sus castaños, de una corpulencia desmedida, eran como pregones portentosos de las maravillas de la selva canaria, próxima a extinguirse. De lejos venia la avalancha destructora, arrasando las arboledas, sembrando el exterminio y la muerte, como una nueva horda de Atila, y ya se sentía en los bosques vecinos los golpes de las hachas como anuncio siniestro de su fatal e inevitable destino. Pronto iban a desaparecer también aquellos gigantes, viejos moradores de las cumbres, que siglo tras siglo habían resistido, impávidos y fuertes, los más desatados vendavales.

Ya se les acercaba la hora de doblar su cerviz, bajo la cuchilla de los verdugos…Y fueron cayendo uno tras otro, con breves intervalos, segados por la implacable guadaña. Los primeros en sucumbir dejaron a los otros la tortura de ver como crujían y se desgajaban los troncos heridos y como crepitaban sus maderas entre las furias de las llamas. ¡Hasta que caían ellos también! ¡Últimos “abencerrajes” de la cruenta cruzada!
Hasta los comienzos del siglo XVIII la selva del Valle de La Orotava conservaba en gran parte el esplendor y lozanía de los primeros tiempos. En 1728, según informe del regidor Don José de Anchieta, la masa forestal se extendía desde la Fuente del Madroño para arriba, y hallábase igualmente cubiertas de árboles silvestres las tierras situadas por encima de la llamada Vereda de los Mulos. Mas ya a mediados de dicho siglo, comenzó la desaforada destrucción del bosque, y en un Consistorio celebrado el año 1752, el propio regidor formulaba una enérgica protesta contra las grandes talas que se estaban realizando en la foresta de la Orotava.

castaño2Ejemplares notables de castaños, barbusanos, sabinas, mocanes y pinos fueron inmolados a la codicia y la rapiña de los leñadores, al amparo de la indiferencia e insensibilidad del país, que entonces, como después, adoleció de la falta de una dirección consciente y celosa del interés general. A partir de aquella fecha el expolio fue continuo. Hasta consumar totalmente su obra de destrucción, puesta al desnudo en los grandes calveros de nuestras montañas, despojadas de todo ropaje de vegetación. Zonas de esterilidad que muestran sus desiertas lomas como vientres infecundos, despanzurrados por bárbaras plantas… Quedaron únicamente las huellas, los restos aislados de la desaparecida selva. Ahora, ya sólo se conserva el marco espléndido de insuperable belleza, que la rodeaba. Marco que siempre mueve a admiración a los viajeros y a los artistas. Uno de ellos, de tan fina percepción como el académico belga Jules Leclercq, gran exaltador de nuestra tierra, decía hablando de estos bellos parajes de los altos de La Orotava: “Desde las alturas a que hemos llegado, vemos desplegarse a nuestros pies, con todas sus armonías y sus campestres gracias, el inmenso Valle de La Orotava desde los ribazos de Santa Úrsula hasta las lejanas villas de los Realejos. Es uno de los panoramas más maravillosos que se pueden contemplar. La vegetación se transforma a ojos vistos: pasamos súbitamente de la zona tórrida a la templada, de los trópicos a los Alpes.” Y añadía que lo que más hacíale creer que estaba en los Alpes eran las cabras que pacen en estas regiones, agitando las campanillas que penden de sus cuellos, y que vistas al través de la bruma semejan vacas pequeñas, de grandes que son.

¡Aguamansa, Monte-verde, Los Órganos…! Paisajes donde la luz, el color, los árboles, las brumas y el ambiente todo tienen un matiz, una emoción y un espíritu distinto a los demás paisajes canarios. En ellos, seguramente, debió morar el Dragón de las Hespérides. Tierra de antiguos castañeros, aún conserva La Orotava el prestigio de estos árboles que parecían haberse dado cita en esta región para manifestarse en toda su viril y arrogante prestancia. ¡Castaño del Marqués de la Candia! ¡Castaño de Aguamansa, el de las Siete Pernadas…! ¿Quién no oyó ponderar su fama? Del primero se conserva aún su tronco seco como recuerdo del centenario árbol, tan vinculado a la noble casa, que se placía en abrir las puertas de su jardín para mostrarlo a la admiración de los visitantes extranjeros. Sus gajos eran tan corpulentos, que fue preciso construir un soporte para que no se viniese al suelo uno de aquellos. Y se dio el caso curioso de que del fondo de la pared que servía de puntal surgiese un brote que al cabo de los años se convirtió en hermoso árbol. Ambos, padre e hijo, sucumbieron hace ya algún tiempo, quedando solamente el tronco del más viejo.
Y los actuales poseedores del jardín, señores de Cólogan, demostrando su veneración y amor al árbol familiar, de tantos recuerdos para ellos, han rodeado el decrépito tronco de una verja de floridas enredaderas. Digno sudario del admirable ejemplar, que se calcula tenía más de cuatro siglos de edad.
Todo era opulencia en este árbol: hasta sus espléndidas cosechas de castañas, que en algunos años excedieron de quince fanegas. Y su fruta, sabrosa y de gran tamaño, disputábansela las compradoras por ser la que más fama tenía en todo el Valle.

castaño3De mayor corpulencia aún que el citado ejemplar del Marqués de la Candia, es el castaño de Aguamansa, popularmente conocido por el de las “Siete Pernadas”. También de antiquísimo origen, mide más de doce metros de circunferencia, y a poca altura de su tronco parten siete grandes gajos, todos de considerable grueso, que hoy han quedado reducidas a cinco, pues dos han sido destrozadas por los vientos. Entre ellas había instalada en otros tiempos una mesa para cinco personas, a la  que se subía por unos escalones de piedra, y en la cual acostumbraban merendar los turistas. El castaño se halla enclavado en una finca que perteneció a López Doya Gallego, al que le fue concedida por el noveno Adelantado, abuelo del Marqués de la Candia, Don Juan Máximo Franchy, y se decía que en este árbol fueron ahorcados varios reos en los tiempos de los primitivos justicias de la Isla. Últimamente era el árbol predilecto de las clases populares, que en torno del añoso tronco celebraban divertidos ágapes y ruidosas zambras. Y lo frecuentaba, sobre todo, la gente moza, ávida de divertimiento y buena suerte, por que existía entre ella la tradición de que bajo las ramas del castaño habían encontrado siempre feliz augurio los devaneos amorosos. ¡Cuántas miradas relampagueantes de pasión y de ilusión se han cruzado a la sombra del viejo árbol! Y cuántas veces, también, se habrán dicho los que hallaron en él la buena suerte, la soñada ventura:
-¿Te acuerdas…? ¡ Aquel día, en el “castaño de las Siete Pernadas”…!
" A mi querido y respetable amigo, Don Francisco Miranda, tinerfeño, benemérito, artista y gran difusor de la cultura desde su antigua librería de la Orotava "
Introducción: Lazaro Sánchez Pinto " El Castaño de las 7 pernadas": Leoncio Rodriguez
Fotos: Toño Perera - Daniel Fernández Gálvan
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